Una vez en el aeropuerto de Copenhague, la capital de Dinamarca, tomamos el metro, que conecta con el centro de la ciudad, y al azar nos detuvimos en la parada Kongens Nytorv. Nuestra elección no pudo ser más acertada, porque el primer encuentro con la ciudad fue encantador gracias a la elegante plaza con edificios históricos como el Hotel d’Angleterre y el Teatro Real Danés. En ese momento no imaginábamos que estábamos tan cerca de Strøget, una de las calles más famosas de Copenhague, y de una de las postales más clásicas de la ciudad: Nyhavn, famoso por su canal que data del siglo XVII, rodeado de pintorescas casas de colores y restaurantes.
Ese fue el inicio de nuestra aventura por los países nórdicos —Dinamarca, Suecia y Noruega— en un “road trip”que incluyó ciudades históricas como Copenhague, Odense, Aarhus, Aalborg, Malmö, Oslo, Estocolmo y Gotemburgo.
Diseñamos el itinerario tomando en consideración las ciudades más importantes y en que el trayecto, por día, no superara cinco horas al volante. Entre los retos que encontramos en el camino fue aprender cómo cada país regula el tráfico. Por ejemplo, en Oslo tuvimos que descargar una aplicación para poder registrar ePass24, que sirve para gestionar el pago automático de peajes a vehículos extranjeros. Otro de los retos fue encontrar estacionamiento cerca de los hoteles y la aplicación Easy Park nos simplificó la vida a la hora de pagar.

A Nyhavn hay que verlo de día y cuando comienza a iluminarse por la noche, cuando sus coloridas fachadas se reflejan en el canal.

Al igual que en otras ciudades escandinavas en Copenhague las bicicletas dominan la escena como parte de su filosofía basada en la sostenibilidad.

Caminar por Copenhague es enamorarse de sus bicicletas, de sus edificios de los siglos XVII y XVIII, de sus plazas y sus canales que hacen que la ciudad parezca una postal.


Es dar pasos apresurados hasta llegar al norte del centro de la ciudad donde está el Palacio Amalienborg para presenciar la ceremonia del Cambio de la Guardia que tiene lugar todos los días a las 12:00 p.m. y con un poco de suerte coincidir con la familia real de Dinamarca. De igual manera, es aprovechar el camino para llegar al Castillo Rosenborg, que data del siglo XVII, ubicado en el Jardín del Rey.

Palacio Amalienborg

Familia real de Dinamarca

Iglesia de Mármol
Es regresar al City Hall y perder la cuenta de las veces que ya pasaste por ahí. Sin olvidar que en una de esas tantas veces tres jóvenes daneses te invitaron a participar en una entrevista para su clase de español. Entre risas y preguntas curiosas, llegó la inevitable: ¿Qué es lo menos que te gusta de Copenhague? Y Marco, con la espontaneidad que lo caracteriza, sin pensarlo demasiado soltó: “lo costosa”.


Y allí mismo nos encontramos con la estatua de bronce de Hans Christian Andersen cerca de una de las entradas del parque de diversiones Tivoli Gardens, establecido en el siglo XIX, para más tarde buscar su casa cerca de Nyhavn, porque es un personaje muy querido en Copenhague.

Por eso está ahí, en la ciudad, La Sirenita, una estatua de bronce creada por el escultor danés Edvard Eriksen, que está inspirada en el famoso cuento de Andersen.



Y si ya llegaste hasta este punto de la ciudad no puede faltar una visita a la histórica ciudadela de Kastellet, que está ahí desde 1626.



Ianna lista para el concierto de Conan Gray en el recinto Royal Arena.
Es despedirse de Copenhague con la mejor de las impresiones y con grandes expectativas de las siguientes ciudades que visitaríamos en nuestro «road trip».






