por Lynette González Centeno
Una noche no paró de nevar; y, al otro día, de llover. Por suerte, la tormenta de nieve nos tocó en el calor de nuestro hotel, pero la lluvia nos sorprendió dentro del carro el día que viajábamos de Manchester, New Hamphire a Albany, New York. El viaje por el campo se resumió en nueve pulgadas de nieve en las aceras y unos altos pinos dignos de una postal.

A pesar de la tormenta los caminos ya estaban despejados.
Escribo estas líneas desde el calor del Caribe, pero sin dejar de pensar en el frío. En la incomodidad que genera en las manos quitarse los guantes para poder tomar fotos, en el dolor de oídos que causa si no tienes el gorro puesto, en la blancura de la nieve al caer, en lo idílico de la escena considerando la temperatura a dos grados bajo cero. Esa aventura la viví este pasado invierno (2025) en un «road trip» desde Boston, Massachusetts hasta Quebec, Canadá específicamente en la región de Les Laurentides, en la provincia de Quebec, a hora y media al noroeste de Montreal.

El propósito de nuestro viaje era ir a Mont-Tremblant, una de las estaciones de esquí más famosas en Canadá, que nos robó los suspiros y el calor del cuerpo.

Hay pistas para todos lo niveles.

La villa tiene una calle llena de tiendas y restaurantes.
Desde que planificamos el viaje hace varios meses, ya sabíamos lo que nos esperaba: el mejor abrigo, guantes, botas de invierno, gorros, y mucha sabiduría cuando se trata de viajar con niños. El resultado: dos días de mucha diversión, aprendizaje y experiencias maravillosas en familia y con buenas amistades.
Decidimos ir a esquiar dos días y, desde entonces, no salimos de la villa. Había de todo: restaurantes, tiendas con accesorios para esquiar y de souvenirs ( a precios bastante elevados), ofrecen clases para esquiar, pistas para todos los niveles, paseo panóramico libre de costo en góndola, y hasta chocolate y café bien calientes.


Suheil, Astrid y Carlos se sumaron a nuestras aventuras.
Además de ir a esquiar, planificamos este «road trip»para fotografiarnos en algunos de los capitolios de la región de New England, incluyendo New York. La historia de los capitolios se convirtió en una anécdota simpática desde que nos percatamos de que fuimos a más de 30 capitolios, sin tomarnos una foto familiar.

La nieve solo nos permitió tomarnos un selfie frente al capitolio de Augusta, Maine.

Concord, New Hampshire

Albany, New York

Hartford, Connecticut

Providence, Rhode Island, es una ciudad pequeña moderna y acogedora.
La primera vez que fui a Providence, Rhode Island fue a vuelo de pájaro: me bajé de la minivan, fotografíe el capitolio y me despedí de la ciudad. Pero sabía que Providence merecía una segunda oportunidad. En esta ocasión, pasamos una noche allí y, aunque el paseo fue corto hasta el Providence Place, un centro comercial, fue suficiente para comprender el porqué Providence está de moda. Vimos la pista de patinaje del centro, que está junto al Burnside Park. Y, caminamos por una de sus calles modernas Francis St. Se nos quedó en el tintero Benefit Street, famosa por sus casas historicas y, Federal Hill, con Atwells Avenue como su arteria principal, para aprovechar su variada oferta gastronómica.

Providence, Rhode Island
En Boston nos reunimos con Carlos y Suheil para despedir el año en el Boston Harbor, disfrutando de los fuegos artificiales de fin de año. Hemos tenido la oportunidad de despedir el año en varias ciudades de los Estados Unidos y, contrario a otras ciudades, en Boston me sentí muy segura. Carlos nos sorprendió con la tradicional música puertorriqueña, así que caminamos por el Boston Common y parte del Freedome Trail al ritmo de las Navidades en Puerto Rico y la nostalgia a cuestas.




Boston, Massachusetts

Astrid, Ianna e Ian frente al Boston Tea Party






